Amércia Latina un actor clave en la transición energética global

“América Latina avanza en la transición energética con alto potencial renovable y recursos clave, aunque persisten desafíos de inversión y redes.”

CPN Angeles Terán

4/4/20253 min leer

a group of wind turbines on top of a hill
a group of wind turbines on top of a hill

América Latina y el Caribe concentran el 8% de la población mundial y el 7% de la economía global. Desde 1971, la región ha contribuido con apenas el 5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) relacionadas con la energía, mientras que en ese mismo período aportó el 9% del PIB mundial (IEA, 2023). Estos números reflejan una ventaja: producir más con menos emisiones.

Mientras que a nivel mundial cerca del 80% del suministro energético proviene de fuentes fósiles, en América Latina esa proporción baja al 68%, gracias a que aproximadamente el 60% de la electricidad regional se genera a partir de renovables, sobre todo hidráulica (IEA, 2023). Esa diferencia posiciona a la región como uno de los líderes naturales de la transición energética.

La región cuenta con ventajas únicas: el Triángulo del Litio (Argentina, Bolivia y Chile) concentra el 60% de las reservas mundiales; Chile y Perú son referentes globales en cobre, mineral esencial para la electrificación; y los desiertos del norte de Chile, la Patagonia argentina o el nordeste brasileño ofrecen algunos de los mejores recursos solares y eólicos del planeta. A esto se suma la experiencia acumulada en hidroeléctrica y bioenergía, que convierte a América Latina en un laboratorio vivo de energías limpias.

Solar PV and wind average capacity factors in Latin America and the Caribbean, 2022

Fuente: Latin Amerizan Energy Oultlook 2023.

Desafíos: regulación, inversiones y digitalización

El camino, sin embargo, está lleno de desafíos. La región aún depende de combustibles fósiles en sectores como transporte e industria, y las pérdidas en transmisión y distribución representan entre 9.600 y 16.600 millones de dólares al año, un lastre económico y ambiental que compromete la viabilidad financiera de las distribuidoras y genera desconfianza entre usuarios (BID, 2024).

Además, la inversión en energías limpias debe duplicarse: la IEA estima que América Latina necesita movilizar 150 mil millones de dólares anuales frente a los ~75 mil millones actuales (IEA, 2023). Para lograrlo, se requiere estabilidad regulatoria, esquemas de financiamiento innovadores, cooperación internacional y un marco jurídico que brinde previsibilidad a largo plazo.

La digitalización de las redes eléctricas es ineludible. Iniciativas como los medidores inteligentes de Copel en Brasil (1 millón instalados), la electromovilidad en Santiago y Bogotá —con las flotas de buses eléctricos más grandes de la región— o la red de carga nacional en Costa Rica respaldada en un 98% por energías renovables, muestran que la transición ya no es solo un concepto, sino una realidad en marcha.

Cooperación y ejemplos regionales

El avance no puede ser aislado. La región necesita más integración eléctrica y cooperación regional para aprovechar complementariedades entre países: energía solar del desierto de Atacama, hidroeléctrica amazónica, viento patagónico. La coordinación permitirá diversificar riesgos, equilibrar generación y avanzar hacia una red latinoamericana interconectada y resiliente.

Ejemplos positivos ya existen:
- Costa Rica opera con más del 98% de electricidad renovable, aunque enfrenta el reto de sequías y variabilidad hidroeléctrica (El País, 2024).
- Brasil alcanzó en 2024 un 88% de electricidad renovable, combinando hidroeléctrica, solar y eólica (Review Energy, 2024).
- Chile pasó del 56% de electricidad limpia en 2022 a cerca del 70% en 2024, con la solar ya aportando más del 23%. (InvestChile, 2024).
- Colombia mantiene una matriz renovable del 75–83%, pero avanza en diversificación con solar y eólica (Energía Coop, 2024).
- Argentina: la potencia instalada fue 58% térmica, 38% renovable y 4% nuclear. (Informe Anual 2024, CAMMESA).

- Uruguya: record de generación renovable, registrando días de consumos 100% renovables.

Un futuro que exige decisiones

América Latina tiene la oportunidad de ser protagonista en la transición energética global. Para ello deberá modernizar su regulación, digitalizar las redes de distribución, garantizar financiamiento estable y profundizar la cooperación regional.

El futuro energético de la región no depende solo de lo que se genera, sino de cómo se gestiona, distribuye y aprovecha. Si acelera el paso, América Latina podrá dejar de ser promesa y consolidarse como motor global de la transición hacia un futuro bajo en carbono.